sábado, 22 de febrero de 2014

Rumbo al Oscar 2014: Her

Her es la ùltima pelìcula de ese extraño director-guionista que es Spike Jonze, el mismo de "¿Quieres ser John Malkovich?" y "El ladrón de Orquídeas". "Her" narra la historia de Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), un solitario hombre que en un futuro no tan lejano trabaja en una compañía que escribe cartas por encargo (oh, la inspiración) y que tiene tanta desconexión con el mundo "real" que decide adquirir un Sistema Operativo (voz de Scarlett Johanson) para tratar de "alegrar un poco más su existencia.

La película ha sido categorizada como "revolucionaria" ya que si bien cuenta una historia algo futurista, no parece estar muy alejado del año en el que actualmente vivimos. Ya todos nosotros somos preso de alguna u otra forma de las nuevas tecnologías, sea escribiendo en computadoras o viendo a cada rato nuestros celulares. Por ello nos sentimos identificados en muchas partes de "Her". Parte fundamental de esta empatía con el espectador se debe al guión de Jonze y a la gran actuaciçon de Joaquín Phoenix. Si el año pasado nos deslumbró con ese orate fuera de control en "The Master", este año Phoenix cambia de registro y nos entrega un personaje cuya tristeza es adorable. Siempre es bienvenido un actor que de un año a otro muestra un registro absolutamente diferente. Eso es ser un gran actor.


El otro gran acierto de la película es la incorporación de Scarlet Johanson como la voz de "Samantha", el Sistema Operativo. Originalmente había sido Samantha Morton la que le había brindado su voz a este personaje, pero Jonze creyó que Morton no aportaba lo suficiente a su registro de voz, por lo que convocó a Johansson. Y la decisión fue magistral. Si bien Johansson ha sido calificada más por su aspecto que por su talento (siendo en realidad una buena actriz), su voz es uno de los aspectos clave de su rango actoral, por lo que se convierte en la indicada para el rol. Samantha se quita toda sombra de frialdad (para ser una computadora) y adquiere matices humanos, de calidez y espontaneidad. El espectador siente en verdad que Samantha va desarrollando una personalidad propia y una sensación de deseo por sentir y amar. Por ello es que escenas como la relación sexual entre ambos se siente tan genuina, tan real.

Pero también Johansson aporta toda esa aura de "femme fatale" que ya le había resaltado Woody Allen en "Match Point". La relación de amor entre ambos queda cerrada rápidamente, lo cual no le deja otra opción a Jonze que comenzar a deconstruir esa relación. Y lo hace en forma de thriller psicológico, con Samantha desarrollando una obsesión por Theodore. Y eso resalta también por la voz de Johansson. Genial resulta por ello la escena más creepy del film: esa especia de trío entre Theodore, Samantha y una...¿Cómo llamarla? Una especie de "cuerpo prestado" para Samantha. Con su mera voz Johansson termina por eclipsar a buenas actrices con correctos papeles como Rooney Mara o Amy Adams.


Técnicamente la película es de primera: una genial ambientación nos transmite esa sensación que lo que estamos viendo es en el futuro, pero en uno no muy lejano. La fotografía está genial, con esos colores cálidos que contrastan con la frialdad de una sociedad subsumida en sus pantallas negras. Y la música calza de manera perfecta,tanto la banda sonora como la composición original "The Moon Song". Todos complemento técnicos perfectos que resaltan la historia de la película y no desentonan ni son exagerados.

Poco a poco el film va llegando a dos peligrosos campos del cual no muchas películas pueden escapar: la exageración y el alargamiento. Y aquí es cuando el guión de Jonze se desbarranca y no consigue la redondez. Primero, "Her" se torna exagerada y recalca muchas veces lo que ya hemos entendido. Sí, Theodore es un perdedor muy triste; sí, Samantha está muy caliente y quiere amar. Eso lo entendemos ya a la media hora del film, pero Jonze lo resalta una y otra vez. Y esto desemboca en el segundo problema de la película: es demasiada larga. Casi dos horas de metraje sobre una historia de un hombre que se enamora de un ordenador y que no presenta mayor sorpresa. Justamente algo que hace más larga la sensación de ver el film es que resulta bastante previsible, y media hora antes de los créditos ya podemos adivinar el final.

En ese sentido, lo que parecía una mordaz comedia sobre cómo las nuevas tecnologías nos habían atrapado se temrina transformando en un dramón romántico. A Jonze se la va la mano y termina decantándose por la opción facilista: lágrimas a caudales. Toda la sorpresa que tenía el film en su primera hora y cuarto se temrina diluyendo en pos de un argumento más exagerado y dramático. Digamos que a Jonze se le terminó saliendo todo el espíritu hipster y cuasi emo. Y eso hace que este film no alcance la perfección a la que parecía apuntar.
Nota: 17/20

viernes, 14 de febrero de 2014

Rumbo al Oscar 2014: The Wolf of Wall Street

The Wolf of Wall Street es la ùltima pelìcula del reocnocido director Martin Scorsese y narra el ascenso y caída de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio) un ambicioso broker que busca hacerse camino en la terrible selva de cemento que es Wall Street, un mundo repleto de drogas, prostitutas, exceso y, por supuesto, dinero. Pero además The Wolf es, y lo decimos sin miedo, una de las mejor películas norteamericanas de los últimos años. Y sin duda podrá descansar tranquila en el panteón de Scorsese junto con Goodfellas y Casino.

¿Por dónde empezar? Sencillmante esta película es perfecta. Tiene tantas cosas positivas que sus tres horas exactas de metraje no se sienten. Scorsese, con sus cais 80 años demuestra que tiene muchísima más frescura y vigor para narrar una película que mucho de los directores jóvenes del panorama actual. La técnica de este monstruo del cine está en mostrarnos escenas incómodas y hasta perturbadoras (en esta película se presentan altas dosis de droga y sexo) y hacer que nunca nos sintamos repelidos, sino que nos sintamos fascinados, incluso por lo más bajo que pueda confrontar el hombre. Porque el cine de Scorsese es eso: la seducción del mal, un profesión que eventualmente no paga (por algo es cristiano el buen Martin). 

El tío simplemente coge la cámara y nos introduce en su mundo. Con esos travellings absorbentes que nos introducen en el mundo de los personajes, esa edición trepidante de la fascinante Thelma Schoonmaker y ese pathos que atraviesa todo personaje scorsesiano de acenso fugaz y caída a los infiernos. El director italo-americano nos muestra una más de sus historias de personas amorales que nos caen bien. Y si antes eran los gangsters de saco y corbata, ahora también son otros tipos, también vestidos a la tela, los que destrozan la moral y economía de un país...y que a pesar de eso aprendemos a querer. 

El otro gran artífice de esta monumental película es Terrence Winter, abogado de profesión y curtido guionista de televisión, dentro de cuyos éxitos se encuentran, o casualidad, las series mafiosas "The Sopranos" y "Boardwalk Empire", en la cual ejerce el papel de showrunner. Winter tiene la habilidad para coge runa historia de tres horas y no aburrirnos. Y sobre todo, que el ritmo de la película nunca decaiga. La historia es sólida, va ascendiendo hasta un clímax con una escena que seguro quedará en los anales del cine (la "doble" historia del Lamborghini) y en general una trama que presenta escenas notables. Sea el "canto de la selva" de Belfort y su mentor Mark Hanna (Mattew McCouneghey), la primera vez que Belfort conoce a su compinche Donnie Azoff (Jonah Hill), a su segunda esposa Naomi (Margo Robbie), al agente del FBI (Kyle Chandler) que lo cazará como un perro, al escena de la "venta de lapiceros" y, por supuesto, cada uno de los discursos que el buen Belfort lanza para conquistar a las masas. 

 

Para escribir sobre Belfort (así se haya basado en las memorias del original "lobo"), Winter tuvo que meterse en la mente de este encantador de serpientes. Y de qué forma lo hace. La película no sólo es entretenida y graciosísima, sino que nos ofrece las notas necesarias para dotar de calidez a los personajes y de acción dramática a los personajes: todo el mundo quiere hacer dinero. La acción dramática es obvia, pero la maestría de Winter está en el cómo. Generalmente se critica que las películas duren más de dos horas, pero en The Wolf nada sobra, es más, esperamos con ansias el director's cut y la versión de casi cuatro horas que preparan.

Pero ni la espectacular dirección de Scorsese ni el magistral guión de Winter servirían de nada si no recayeran sobre los actores adecuados. Y en esta película absolutamente todos están muy bien, en las mejores actuaciones de sus carreras. Por eso ya es hora de hablar del mejor actor de su generación: Leonardo Di Caprio. Lo que pudo ser el finado Heath Ledger y lo que no es Edward Norton por su mal carácter, lo es el buen Leo. Di Caprio está genial en su mejor actuación hasta la fecha. Si bien a veces recurre en la careta histriónica de chico compungido de tantas otras películas, aquí Di Caprio se suelta, y relajado nos muestra sus mejores cualidades como ya lo hizo en "Atrápame si puedes" y "Django Desencadenado". Leo está comodísimo como un tipo de dudosa moral que la tiene clara: ser "self made man" me hará rico. Y lo hace bien en todas sus facetas, incluso en una en la cual Di Caprio era desconocido: la comedia física. Sea bailando o sea reptando bajo los efectos del alcohol, Di Caprio está soberbio. Y eso se debe a la confianza entre actor y director/mentor, el buen Martin.

Los secundarios están todos perfectamente casteados. Jonah Hill dejó hace rato de ser simplemente ese gordo gracioso de comedias chabacanas y se ha graduado de actorazo en todas sus letras. En The Wolf, Hill se marca un Joe Pesci y la rompe como el sidekick de Belfort. Con dosis necesarias entre la locura, la cólera y la contención (donde Hill se desenvuelve cómodamente, sino ver Moneyball). Margo Robbie es una absoluta revelación y tiene tanto las dosis de belleza como de maldad para convertirse en un personaje que no es un simple florero. Hasta los secundarios con papeles menores están muy bien, sobre todo el cascarrabias Rob Reiner y el camaleónico Mattew McCouneghy, el cual ratifica que el 2013 ha sido su año. Vale decir que si han habido actores nominados por apenas cinco minutos, la escena del "canto de la selva" en el almuerzo bien le pudo valer a Mattew una doble nominación.


La película está llena de excesos, pero necesarios. Así (y segura que mucho más) era la vida de los ochentas en Wall Street. Pero la película también tiene corazón, con un personaje despreciable como Belfort con el cual uno se siente tal vez no identificado moralmente, pero sí en su objetivo: tener éxito. Es una película que utiliza la comedia para criticar, pero que además presenta en un balance lo bueno y lo malo de ese estilo de vida. Muestra de ello es el contrapeso entre las escenas de excesos y la escena en la cual Belfort se despide contando la anécdota con una madre soltera que trabajaba en su compañía. Por escenas como esta última o como cuando Belfort llega por primera vez al puesto de vendedores de baja monta, The Wolf se consagra como una película completa, con historia que contar y con mucho corazón. 

Eso hace grande al Wolf: presentar una historia y mostrarnos los dos lados de la historia, como son, ni blanco ni negro. Scorsese no juzga ni ensalza, nos muestra la vida como es. Con sus más y sus menos, sus monstruos, sus villanos y sus malditos son humanos. Por eso todos queremos ser como ellos, aunque a la vez no. Esa humanidad hace único al buen Martin y a toda su maravillosa filmografía. Simplemente una película perfecta.


Nota: 20/20

viernes, 7 de febrero de 2014

Rumbo al Oscar 2014: 12 years a slave

"Doce años de esclavitud" es la tercera película de una de las promesas/realidad de la dirección contemporánea: Steve McQueen. La película del realizador afrobritánico abarca la historia verdadera de Salomon Northup, un violinista talentoso y negro en libertad que es engañado por dos estafadores y acaba convertido en esclavo, tal cual lo indica el título, por doce años. 

La historia arranca bien, con McQueen jugando con la cronología de las escenas tal cual lo hizo en su debut "Hunger". La dirección de McQueen se caracteriza por las tomas largas, los close ups y por poner la cámara siempre en el lugar preciso. Muestra de ello es tal vez la hermosa escena en la que, contradictoriamente, vemos a Northup luchar con una soga al cuello. McQueen tiene ese equilibrio, esa balanza mágica (te estamos mirando, David O. Russell) entre la dosis de cine clásico y la innovación técnica. Las películas del realizador británico tiene toda la pasta de verdaderos clásicos, pero con movimientos y tomas sofisticadas que refrescan el film.

Cuando Northup cae en la esclavitud comenzamos a comprobar todo el martirio de este hombre, pasando de esclavista en esclavista, de sufrimiento en sufrimiento. Pero poco a poco comenzamos a caer en el "collage": la película se pierde, la trama se desinfla y pasamos a apreciar una continuación de escenas que son "esperables" en un dramón sobre el racismo como es "Doce años de esclavitud". La película pierde sorpresa, porque lo que nos agarró desprevenidos en la primera media hora se convierte en previsible en los últimos cuarenta y cinco minutos de película.

Otro problema de la película es que se siente fría, a pesar de ser una historia con todas las cartas para hacerse empática con el público. Si el año pasado "Djando Desencadenado", con todas las gamberradas y excesos geniales de Tarantino, nos logró atrapar con la simple historia de un ex esclavo buscando a su esposa y planeando su venganza, en "12 years a slave" no se nos llega a transmitir todas las sensaciones de Solomon. Es cierto, sabemos que este hombre sufre mucho, pero eso es más porque conocemos de antemano la premisa de la película y no necesariamente por lo que vemos en el metraje. Menos lograda aún está la acción dramática de escapar y volver con su familia. Northup es un hombre educado y metódico, pero en las circunstancias en las que estaría uno simplemente se derrumbaría. Esa caída a los infiernos es lo que nunca terminamos de ver en Solomon.

El que no tiene nada de culpa en esto es su actor protagonista. Este film nace y muere por la extraordinaria actuación de Chiwetel Ejiofor. El actor británico se había caracterizado más por ser un actor de carácter y con esta película se marca su primer gran protagónico. Ejiofor se entrega totalmente a este rol y hace lo que McQueen le dice que haga, demostrando un gran rango como intérprete y siendo un claro contendor para los premios de actuación. Los secundarios están muy bien, pero destacan tres. Lupita Nyongo, actriz mejico-keniana que hace su debut en esta cinta nos regala un papel conmovedor, de una esclava que simplemente se ha cansado de luchar. Su desgarradora imagen es compatible con la Fantine de Anne Hathaway que, o casualidad, se llevó el Oscar a Mejor Actriz Secundaria el año pasado. Otra actriz notable es Sarah Paulson, la cual interpreta a la esposa del último maestro esclavo que tuvo Solomon. Con porte clásico y mirada sanguinaria, Paulson compone un personaje con más matices que la simple ama de la casa arpía que podría aparentar.


Unas líneas para ese actorazo que es Michael Fassbender. En esta película, el actor fetiche de McQueen (protagonizó "Hunger" y "Shame", en su papel estrella hasta la fecha) encarna al mal en estado puro. Un esclavista despiadado, sádico, burlón, juguetón y caprichoso. Sin llegar al nivel infantil del delicioso Calvin Candie de DiCaprio en "Django Desencadenado", el Edwin Epps de Fassbender es la crueldad hecha actor. Fassbender oculta su natural encanto y lo disfraza de maldad. Y su personaje también es más profundo de lo que aparenta, sobre todo cuando se dedica tiempo a su extraña obsesión con el personaje de Lupita Nyongo. Destacan también en pequeñas pero grandes participaciones Paul Giamatti, Paul Dano y Benedict Cumberbatch.

Un punto final que termina por ir en contra de la película es el final, el cual llega de manera apresurada y con un recurso que podría calificarse como "deus ex machina", por no decir facilista. Y esto empeora porque el personaje que trae la solución es el productor de la cinta: Brad Pitt. Parece que el buen Brad, muy buen actor y productor con mucho ojo, se quiso reservar un papel fundamental para la trama. Esto no hace más que molestar el libre desarrollo de la trama, por no decir que incomoda en demasía.

Justamente la resolución facilista y la trama que se va simplificando conforme avanza el metraje nos hace recordar a otra película que apunta alto en esta carrera por los Oscars: Gravity. Pitt hace de Clooney y nuestros héroes encuentran la solución a sus problemas. Este facilismo, sumada a la historia que se va tornando más sencilla en lugar de atraparnos le resta méritos a una película muy correcta, pero que se siente distante, a pesar de su universal y, lamentablemente, aún vigente trama. 


Nota: 16/20

jueves, 30 de enero de 2014

Rumbo al Oscar 2014: American Hustle

American Hustle ("La gran estafa americana" en Latinoamérica) es la última película del director de moda, David O. Russell. Narra el trabajo de dos estafadores profesionales, Irving Rosenfeld (Christian Bale) y Edith Greenslay (Amy Adams) y un agente del FBI (Bradley Cooper) para exponer a través de sus artimañas una red de corrupción que involucra políticos y mafiosos. La película ha sido una de las más comentadas en la temporada de premios y está nominada a diez premios Oscar, incluyendo mejor película y un destacado "top five" (mejor director, actor, actriz, actor de reparto y actriz de reparto).


Por todo el buzz y la misma trama que prometía, la película de O. Russell apuntaba a convertirse en un clásico, justo heredero de las películas setenteras (justamente en ésta época se desarrolla la historia). Lamentablemente, la película no pudo tener un título más adecuado ya que los espectadores nos sentimos estafados cuando acaban las casi dos horas de metraje. Lo que en el trailer parecía una película con estilo visual parecido al del gran Martin Scorsese se transforma finalmente en un espectáculo desordenado de peluquines y accesorios que exudan años setenta. Una cosa es ser como Scorsese (o al menos apuntar a serlo) y otra cosa es hacer una copia barata del estilo del director italo-americano. Y "American Hustle" se queda en eso, en la copia, en el remedo, en el mal calco.

El principal defecto de esta película es que intenta demasiado parecerse a Scorsese. Y lo que en un trailer no satura por su duración de dos o tres minutos, en una película de 130 minutos esto sí agota. Tomas largas, musicalización extrema, edición dinámica, todos los recursos de una película de Scorsese pero que son sobreexplotados, lo cual termina opacando a la misma película. "Amercian Hustle" se queda en ser un florero bonito sin mucho contenido. O con flores marchitas, que es lo mismo.


Tanto peluquín, disfraz y pose Scorsesiana termina por desconcentrar, sin permitirle al espectador enfocarse en lo que verdaderamente importa: la trama del film. Y partiendo ya de una historia complicada, la sobre estilización de "American Hustle" impide que logremos seguir la trama de fondo o, lo que es peor, empatizar con los personajes. Esta es responsabilidad es compartida entre un guión que a veces desordena el desarrollo de la película y una dirección de David O. Russell que más resta que suma. Si en su anterior película, Silver Linings Playbook, la dirección de O. Russell supo mantenerse al borde del exceso y lograba dotaba de dinámica a una historia simple (una película romántica al fin y al cabo, crítica aquí: http://theinsider24.blogspot.com/2013/01/rumbo-al-oscar-2013-silver-linings.html), en "American Hustle" O. Russell está desatado y sus travellings o zooms terminan por desordenar una historia que de por sí no ha sido bien estructurada.

Tal vez lo que salva un poco el hype de esta película son las actuaciones. Y la reina de la función se llama Amy Adams. Las 5 veces nominada al Oscar se consolida como una de las mejores y más polifacéticas actrices de su generación. Si ya nos había mostrado su lado débil (La Duda), encantador (Encantada), fiero (The Fighter) y dominante (The Master), en "American Hustle" saca a la luz una nueva faceta: la Amy Adams magnética y sensual. Con una presencia única que llena la pantalla, la Adams lo borda como una estafadora profesional en la que no podemos confiar y que termina conquistando a protagonistas y audiencia. Toda una femme fatal como de las películas en blanco y negro. Y esa sexy insidia, en Amy, es una agradable sorpresa. Su sola presencia y garra hacen que este film pase con nota aprobatoria.


Lamentablemente no podemos decir lo mismo de los otros actores. Christian Bale, que ante la baja de Edward Norton debe ser el mejor actor hoy por hoy, está sobre actuadísimo, haciendo su mejor imitación de un Robert de Niro histriónico (incluso copia algunos manierismos). La otra gran y triste sobre actuación de la película es la de la actriz de moda, Jennifer Lawrence. La joven actriz había brindado grandes actuaciones que le valieron sendas nominaciones al Oscar, pero esta vez parece una parodio gritando y llorando como una niña loca. Si en "Silver Linings Playbook" bordó su papel y no nos hizo dudar de su rol como viuda depresiva, en "American Hustle" no nos convence de ser la esposa bocona de un estafador. Más parece una universitaria tonta y engreída. Bradley Cooper se queda a medio camino, entre la sobre actuación y el encanto que este actor tiene, corroborando que tiene una gran vis cómica. Sus mejores momentos los tiene compartiendo escena con la sorpresa de la película, el cómico Louis C.K. Jeremy Renner estuvo muy bien para un papel que no exigía mucho de este talentoso actor.

Una pena que un director de renombre (al menos por ahora, ya que la fama es pasajera, más en Hollywood) y un elenco de actores que han demostrado nivel no hayan podido desarrollar una película a la altura de las expectativas. Muy lejos del ritmo y contenido de los clásicos setenteros, y muchísimo más lejos del nivel promedio de Martin Scorsese, "American Hustle" tiene todos los papeles para convertirse en la decepción del año.

Nota: 12/20

viernes, 20 de diciembre de 2013

Rumbo al Oscar 2014: Captain Phillips

"Captain Phillips" cuenta la historia real de Richard Phillips, capitán de barco norteamericano que junto con su tripulación sufrió el ataque y secuestro de un grupo de piratas somalíes en el año 2009. La película entra de lleno al género del thriller, creando un continuo suspense, aunque no por ello exento de tiempos muertos o parones narrativos. El inglés Paul Greengrass pone al servicio de la película todo su oficio como narrador y director de estilo realista que ya vimos en otra película que narraba una historia de un famoso secuestro: United 93. La dirección de Greengrass es potente y siempre está presente, porque eso demanda una historia como la de "Captain Phillips". Muestra de ello es la magnífica escena de aproximadamente 20 minutos en la que los piratas somalíes finalmente abordan la nave de Phillips y empiezan a tomar el control. Una escena registrada magistralmente, comparable a la escena de la toma de la casa de Bin Laden en "Zero Dark Thirty".


En realidad, la película de Greengrass tiene muchas semejanzas con la película de Katheryne Bigelow. Ambas narran historias reales de mucha tensión, y los directores emplean todas sus armas y técnicas para dotar de nervio a unos guiones no flojos pero que sí presentan varias fallas. Y así como "Zero Dark Thirty" sufría de cierta frialdad y distancia, "Captain Phillips" sufre de contar con una segunda hora bastante lenta, en la cual la historia no avanza y que sufre si la contrastamos con la primera hora de metraje (toda la toma del barco de Philips y el escape). Esto no hace más que reasegurarnos que un guión algo flojo siempre puede ser salvado por un buen director. Ya lo hizo este año Alfonso Cuarón con "Gravity" y ahora lo hace Greengrass con "Captain Phillips".

Y si bien la dirección de Greengrass contrapone el ritmo irregular de la película, el otro gran factor de contención lo encontramos en las actuaciones. Tom Hanks demuestra que no hay nadie como él para interpretar al "everyday man", otorgando postura y dignidad a su Richard Philips de las primera dos horas de película. Pero luego a Hanks le bastan dos útlimas escenas finales para encumbrar a su personaje y (actuación) en uno de los papeles del año. Desde "Philadelphia" Hanks no se mostraba tan frágil y tan vulnerable. Un hombre completamente roto, frente a cámara. Porque hay que tener determinado nivel de actuación para llorar y romperse en pantalla y no caer en el ridículo. Hanks conmueve sin abusar de manierismos, siendo real a su personaje pero también sincero a la situación. Un Hanks notable.


El otro gran acierto de casting es una sorpresa: Barkhad Abdi, actor somalí-norteamericano que hace su debut en esta cinta. Y de qué manera. Se nota que Abdi es un amateur, pero con unos rasgos amenazantes y una mirada fantasmagórica complementa una actuación de primera. Abdi construye un personaje lleno de misterio que toma el control y no se achica ante un consagrado como Hanks. Un villano que en manos de otro actor hubiera caído en el ridículo o el cliché, pero que Abdi dota de naturalidad y realismo. Un actor a apuntar en la carrera del Oscar y para el futuro.

"Captain Phillips" es una película más que correcta. Visualmente impactante (una edición de primera) con una gran dirección y muy buenas actuaciones, pero cuyo ritmo decae y un guión que presenta algunos fallos. Bastante parecida a la situación que analizamos en otra película de esta carrera al Oscar: Gravity. A pesar de ello, "Captain Phillips" es una película que tiene momentos muy logrados, de lo mejor en cuestión de suspenso en este 2013. Y no hay nadie como Greengrass para traer el suspenso a las puertas de nuestras casas, haciéndonos temblar que el ataque a las Torres Gemelas o el ataque de piratas somalíes son hechos que pasaron en los 2000s y que aún presentan repercusiones en el panorama mundial.


Nota: 17/20

viernes, 22 de noviembre de 2013

Rumbo al Oscar 2014: Gravity



Gravity (2013) es la película del momento. Y es que no sólo consiste en un film revolucionario a nivel técnico y estético, sino que es una de las más claras contendientes para los próximos premios Oscars 2014. La cinta dirigida por el mejicano Alfonso Cuarón narra las peripecias de los astronautas Ryan Stone (Sandra Bullock) y Matt Kowalsky (George Clooney) para sobrevivir en medio del espacio luego de que una misión espacial saliera mal. Una experiencia agobiante y extrema tanto para los protagonistas como para todos los espectadores.

Lo que más resalta de Gravity es el aspecto visual: simple y llanamente la película es espectacular, digna de verse en pantalla grande y, aun más, en 3D. No soy muy devoto del 3D, me parece que muchas veces se prioriza este recurso sorbe la historia, cuando debería ser simplemente una herramienta más al servicio de la narración. Pero en Gravity el 3D está totalmente justificado, en especial si consideramos que uno de los puntos centrales de la película es la ausencia de gravedad y cómo esto influye en las personas y objetos que flotan por el espacio exterior. Y no sólo ello, sino que los efectos especiales de esta película son precisos, ya que no sentimos que estamos frente a un juego de simulación, sino que realmente uno cree que está siendo testigo de accidentes espaciales de grandes proporciones. La fotografía de la película no hace más que resaltarla belleza de “Gravity”, destacándose los precioso cuadros de los astronautas con la tierra de fondo y todo el juego de luces y colores que decoran el celuloide.


Tal vez el mayor acierto de Gravity es la magnífica dirección de este prodigio llamado Alfonso Cuarón. Haciendo gala de una de sus ya marcas registradas, Cuarón abre el film con una potente toma continuada que cumple su cometido: atrapar al espectador y hacer que se siente como en un tour, en medio de toda la acción. Cuarón tiene nervio y sabe dónde poner la cámara, pero además sabe moverla y sabe cuándo concentrar la acción: ya sea en un plano abierto donde el espacio reduce en su mínima expresión a los astronautas o en un primer plano contenido de Sandra Bullock por minuto y medio, Cuarón demuestra que entiende el lenguaje cinematográfico. 

La dirección de Cuarón es complementada por un cast mínimo pero acertadísimo. Sandra Bullock, una de las actrices más resistidas del medio (en especial luego de ganar su primer Oscar) sorprende. Compone un personaje marcado por una pérdida pasada que tiene que aprender a querer vivir. Causó mucha sorpresa el cast de Bullock (en realidad el papel era de Angelina Jolie), pero como está diseñado el personaje, la buena Sandra demostró ser la decisión acertada: Stone es un personaje inseguro, torpe e inseguro, todas estas cualidades terrenales que una actriz natural como Bullock puede manejar. En aquellos momentos de mayor carga dramática (la escena de la conversación con el ciudadano chino por ejemplo) Bullock está notable y esto es lo que probablemente la lleva a ser una runner-up a mejor actriz. Clooney tiene un personaje mucho menor, pero cumple siendo, una vez más, bastante Clooney. Y eso no es algo malo; así como el inolvidable Cary Grant, el buen Giorgio está más allá del bien y el mal y tiene eso tan simple como difícil de conseguir que lo catapulta como al estrella que es: carisma.


Pero donde Gravity falla es en el guión. Una de las mayores virtudes del arte cinematográfico es (o al menos debe ser) sorprender. Y que no se malinterprete, a nivel visual Gravity sorprende e impacta, pero a nivel narrativo sentimos que la película se queda a medio camino. Si usted lee la premisa, sobre dos astronautas buscando sobrevivir en el espacio luego de un accidente, pues eso es lo que se encontrará en la película, y nada más. Esa es la historia. Es cierto, Gravity también es la historia de reencuentro con uno mismo y con las ganas de vivir y nos e queda en al simpe aventura espacial, la cual además no es una tarea sencilla. Pero no parece haber mayor desarrollo: Stone tiene que ir de un pinto “A” a uno “B” y de ahí a uno “C” y de ahí a la tierra. No hay más. Y el suspenso de si Stone podrá sobrevivir o no se ve destruido a los 10 minutos de película cuando el personaje de Bullock suelta la frase clásica “Creo que no sobreviviré”. Con esa frase, selló su destino: sobrevivirá.

En el cine, o en todo arte narrativo, tiene que existir una acción dramática. Y la acción dramática de Stone es una muy fuerte: sobrevivir. Pero además tienen que existir obstáculos y un camino empedrado para lograr completar tu acción (o fracasar en el intento). Pero la película no presenta mayores sorpresas en la construcción de obstáculos para la sobreviviente. Es más, el “malo” de la película puede considerarse a la nube de desechos que revolotean por el espacio, o las constantes indicaciones en idiomas extranjeros de cómo manejar las nave, presentándose estos “villanos” repetidamente durante el metraje, lo que hace que el guión quede algo “hueco” a la hora de proponer nuevos retos a los protagonistas.  En ese sentido, la historia presenta acción dramática, pero sin desarrollarla ni retarla a lo largo de la película. Así, Gravity puede estar más cercana a Avatar (2009) de lo que se cree: película visualmente impactante que presenta una historia que es desarrollada de la manera más simple posible. A pesar de ello, la sensación que al final deja Gravity es la de espectacularidad. Y sería una gran opción para los Oscars del próximo año.

Nota 17/20

lunes, 30 de septiembre de 2013

Breaking Bad: todos somos Heisenberg, todos queremos ser rey.

Breaking Bad ha llegado a su final. Una serie sobre un profesor de química cincuentón y mediocre al cual le es diagnosticado cáncer terminal y que, desde ese momento, decide convertirse en un cocinero de metanfetamina en la búsqueda de la creación de un imperio. Un imperio que nunca tuvo, que pudo constrir, pero nunca se atrevió a hacerlo (¿o no lo dejaron?). Con la alerta dela muerte sobre él, este hombre decide renacer. "I'm awake" le Walter White dice a Jesee en la primera temporada; "I'm alive" le dice Walt a su esposa Skyler. La historia de un hombre y su otro yo.

La última temproada de Breaking Bad ha sido, sin dudas, la mejor. El arco desarrollado entre la tercera y cuarta temporada, resumido en el face off de "Walt vs Gus", es tal vez la mejor construcción dramática de la serie, pero esta última tanda de ocho episodios de la serie es sencillamente agobiante en su desarrollo y devastador en su resolución: todas las piezas tenían que caer. Y vaya forma en que lo han hecho. La segunda parte de la quinta temporada de Breaking Bad es de una dureza cruda y pura, sólo comparable con el dickeniano devenir de los cuatro "chicos de verano" de la cuarta temproada de The Wire o la traición de Shane a Lem (y a Vic, y a todos) en la quinta temporada de The Shield. Ver Breaking Bad durante estos dos últimos meses ha sido una experiencia desoladora.

Como las piezas de un dominó, la lectura oportuna de "Leaves of grass" de Walt Whitman con la que se curza Hank en el baño de los White es el factor que desencadena toda la avalancha de sucesos que vemos en esta última temporada de Breaking Bad. Ese primer episodio de la temporada (Blood Money) puede resumirse en aquel cara a cara entre Hank y Walt, resolviendo este la situación con su ya famoso "Tread lighlty". Luego, Walt, nuestro moribundo pero resolutivo ¿héroe? ¿villano? ¿antihéroe? decide ocultar su dinero e incluso logra que Skyler, su sufrida esposa que esperaba que el cáncer vuelva para librarla de este suplicio, se ponga de su lado (Buried). De esta forma, Vicne Gilligan y su equipo nos decían que no querían tener "tiempo muerto" y querían contar la historia como si fuera el último capítulo de la serie. Toda la carne al asador, Walt estaba más acorrlado que nunca.

Luego llegó uno de los mejores capítulos de esta grandiosa tmeproada (Confessions) y un momentazo, la jugada maestra: el video de la "confesión" de Walt que ven atónitos Hank y Marie. Walt, actuando como sii fuera una víctima y culpando a Hank de su nuevo oficio de cocinero. Walt jaqueaba a Hank, en el tercer capítulo. Una vez más el ingenio de Heisenberg en todo su esplendor. Skyler, una muerta viviente con la mirada perdida, sólo atinaba a grabar esa mosntruosa confesión. Pero Walt no contaba con la carta salvaje, con el perro rabioso, Jesee Pinkman, el adicto de buen corazón, que descubrió la verdad y luego de un intento desquisiado de coger el mecanismo de venganza más inmediato (y el más tonto por lo impulsivo), se pone por primera vez a usar la cabeza sobre su corazón (Rabid Dog), para así planear la caída definitiva de su otrora mentor.

To'hajillee y Ozymandias son tal vez el combo definitivo de Breaking Bad. en el primero de esos episodios vemos la soledad del desierto de neuvo México. Y cómo entre sus tonos rojizos y anaranjados se destaca la pequeña figura del hasta el momento rey blanco: Heisenberg. Chaquete blanca, pistola en mano, Walter White, el hombre que muere de cáncer y codicia, busca a su ex compañero, pero en especial busca su dinero, lo que él cree que es su objeto más preciado. Y encuentra a su ex compañero, pero también a su cuñado/cazador y su fiel compañero. Walt ha sido atrapado, cayó el rey...sólo que el abismo era más profunda aún.

Ozymandias es, como dices los gringos "hands down", el mejor episodio de Breaking Bad. probablemente el mejor episodio televisivo que este humilde bloggero verá en su vida. si To'hajiilee nos dejó atónitos con la llegada de los neonazis (bastardos villanazos de última temporada) y el fuego cruzado entre estos y los agentes de la DEA, en Ozymandias nos topamos con Walt, el hombre que quería ser rey, viendo cómo todo lo que quería se le escapa entre los dedos: su familia (Hank moría a manos de un asesino que el mismo Walt había convocado), su dinero (a manos también de los nazis), su ex compañero y "alumno" (aunque claro, Walt, ensimismado en su orgullo, lo culpa de toda esta desgracia), y su familia. La cumbre de este episodio es esa escena en la que Walt rompe palitos con Skyler y Walt Jr, en la cual exclama dos veces, pero ambas con significados distintos, una frase que sigue impregnada en nuestra cabeza y apuñalda en nuestros corazones: "We are a family!". No, Walter White, ya no lo son.

Posteriormente el Rey caído rapta a su bebé, sólo para darse cuneta que ya no tiene nada y tratar de exculpar a su esposa mediante una última conversación telefónica dolorosa e infartante, llenad de significados. Walter se pierde en la noche y decide exiliarse. Walt intenta regresar, pero su enfermedad y, sobre todo, la caída de su imperio lo han derrotado (Granite State). En este capítulo crepuscular, Walt ahora sólo espera calentarse día a día en la gélida New Hampshire y tiene que pagar dinero a un hombre sólo para que éste juegue cartas con él. la caída triste de un ídolo de barro. De una leyenda fantasma. Y es rechazado por su hijo una vez más. Y en verdad su cáncer ha vuelto. Y en verdad ha llamado a la policía para entregarse. Pero ve la televisión y descubre la verdad (como todos nosotros al ver la serie cada domingo): Sus otrora amigos y creadores de Grey Matter, la compañía que él ayudó a formar, lo desprecian y ningunean. Walt cierra el puño y se va, rumbo a Albaquerque, a buscar lo que él siempre buscó: ¿venganza? no, eso viene colateralmente. Walter siempre quiso que recuerden su nombre.

Antes de comentar el final de Breaking Bad, podemos reflexionar un poco en el "mensaje" de esta serie, o de lo que en verdad se trató. Gilligan siempre dijo que la serie era sobre el viaje de Mr Chips (un buenotas) en Scarface (un malo malote). Y eso es cierto de algún modo. Walter White es el antihéroe más exquisito de la historia de televisión norteamericana, sólo porque no se trata de un antihéroe. Walter White es un monstruo, afrontémoslo. Es un despiadado hombre que daría todo por su reino: dejar morir personas por su propio vómito, envenenar niños, poner una bomba en una casa de retiro, contratar neo nazis para realizar matanzas en cárceles, agredir psicológicamente a su esposa, etc. Walt, Heinserberg, es un auténtico hijo de puta. Y Gilligan tuvo la magia de hacer que hinchemos por él, hasta el final. Pero creo que el mensaje de la serie es uno más prfundo aún.

Breaking Bad no es sino la historia de un hombre buscando ser más de lo que alguna vez fue...y que siemrpe tuvo la capacidad de serlo. De lo poco que conocemos del pasado de Walt, sabemos que es un genio de la quñimica y que estuvo, al menos en los inicios, inmerso en la cosntrucción de una empresa multimillonaria como Grey Matter. Pero Walt no pudo quedarse y temrinó como un mediocre profesor de secundaria. Y Walt siempre se sintió frustrado. Si hay un adjetivo que resume muy bien al protagonista de este serie es el ser reprimido. Wlater White es un tipo reprimido que nunca explotó sus reales capacidades, y es recién cuando explotó sus habilidades quimicas para hacer drogas que se da cuenta que ha comenzado a vivir. "I'm awake" decía y en verdad había depsertado su lado genial, su lado innovativo, había repotenciado su alma. Había resucitado.


Y con eso repotenció su lado "malo". Si Walt explota su intelecto con Heisenberg, también se deja invadir por sus propios demonios y así, con la cabeza llenad de ideas grandilocuentes y diseños de imperio, se transforma poco a poco en Heisenberg, el rey blanco. Walt es un tipo muy inteligente, con bastante suerte, y con una moral de mierda. Creo que al final Breaking Bad termina siendo una ligera crítica al sistema económico como tal: un capitalismo burtal que permitió que el pequeño empresario (Walt en sus inicios) derribara al gran empresario (el Pollo Hermano Gus), pero que una vez en la cúspide del imperio, sus propias ambiciones (Mike lo encara y le dice que todo se vino abajo por su ego) derrumbaron todo lo que había construído. Es así que esta serie no es sólo la transformación de un hombre bueno a uno malo, sino que es algo mucho más profundo, con mucho más capas. Es la historia de un hombre que quiso y pudo más, pero no pudo por las buenas, así que decidió el mal camino...y eso traía consecuencias.

Y así llegamos al capítulo final, "Felina". Orquestrado por Vicne Gilligan, Felina es una hora tranquila y metódica de Breaking Bad, en la que Walt, casi un fantasma imperceptible, cierra los cabos suelto con sus ex colegas de Grey Matter, con la esquemática Lydia, con su Skyler (en la mejor escena del final), con sus hijos, con los Nazis, con Jesee. Temía que no cerraran el final a tiempo, pero lo hicieron. En un último acto "heroico", no sabemos si de manera consciente o no, Walt empuja a Jesee protegiéndolo con su cuerpo a la vez que su "little friend" acribillaba a los neo nazis. Walt y Jesee comparten una última mirada luego que el joven aprendiz rehusara matarlo. Jesee escapa rumbo a lod esconocido, gritando por haberse librado de la tortura física de Todd y de las cadenas psicológicas de Mr. White. Walt se acerca al laboratorio, su "baby blue", y muere. Se acabó.

Dos escenas para analizar en este final. Empezemos con la última. Walt se acerca a los tanques del laboratorio, coge la máscara y mientras muere contempla su creación, su imperio. Todo el mundo creerá ahroa que cocinó hasta el final y que la metanfetamina azul muere con él, el chef, el creador. Un final justo para que el quería ver a Walt ganar, ser dueño del imperio, y un final justo para quien lo quería ver morir. Por eso no coaprtimos las reservas con el final que tienen algunos críticos. Es cierto, Felina no fue un episodio épico o con sorpresas (si ya una metralleta operada por un brazo mecánico no es una sorpresa en sí), pero fue un final justo. Nos acoplamos a los comentarios que dicen que Ozymandias fue efectivamente el final de Breaking Bad, y que Granite State y Felina fueron dos justos epílogos. Es verdad, Felina no estará en el top ten de episodios de la serie, pero es el final que esta serie merecía y requería. Walt necesitaba despedirse de todos y lograr su venganza, narrativamente la serie lo exigía. Y murió logrando su objetivo, algo impensado para un villano de su categoría. Al final, Gilligan nos terminó sorprendiendo incluso con un final tranquilo: le dio a Breaking Bad un final relativamente feliz.

La última escena que queremos comentar de este final es la conversación deWalt, el fantasma, con la mujer que alguna vez lo amó. Skyler, cansada de tantas mentiras, le dice a Walt que no se excuse utilizando a la familia, pero Walt le contesta secamente: "Lo hice por mí. Me gustó. Era bueno en eso. Y en verdad era...yo estaba vivo". Wal se deja de hipocresías, deja de utilizar la familia como escudo y finalente confiesa lo que todo el mundo ya sabia: Walt hacía lo que hacía por el mismo, por su ego, por sus ganas de ser el rey. Al fin y al cabo, Breaking Bad es la historia de un tipo simple que buscaba ser rey, y lo perdió todo en el intento. Aunque al final, de alguna manera u otra lo consigue. Porque el rey de la metanfetamina es rey al fin ¿no? Bueno, Walter White no buscaba ser un ejemplo de moral, de padre, de esposo, de cuñado. él quería destacar, que todos digan su nombre, y al final ha logrado eso: ser recordado como una leyenda.

Por ello, como cierre, concluimos que todos somos Heisenberg. Todos queremos un poco más de reconocimiento. Que nuestros padres nos feliciten mas, que nuestras parejas nos den más besos, que nuestros hijos nos abracen más, que nuestros jefes nos reconozcan algunas cosas, que nos consideren más importante de lo que somos. Walter White era eso. Nosotros somos eso. A él lo activó el cáncer y el darse cuenta lo bueno que era siendo el cocienro Nº 1 de metanfentamina de Nuevo México ¿Y a ti? ¿A ti que te falta para explotar tu Heisenberg de adentro? Al final y al cabo, todos podemos "break bad". Tipos simples con un genio maligno dentro de nosotros.

Cierro este post halagando una vez más a las personas atrás de este producto maravilloso: gracias a Vince Gilligan y su equipo de escritores, George Mastras, Thomas Schanuz, Moira Walley-Becket, Gennifer Hutchison, Sam Catlin, Peter Gould, quienes desarrollaron de manera maravillosa toda la historia que hemos visto a lo largo de 62 episodios; gracias a los magníficos directores que tuvo esta serie, en especial a dos, Michelle McLaren, la maestra de la dirección, y Rian Johson, director de cine que nos regaló tres joyitas tan distintas entre sí (el extraño Fly, el contenido Fifty-one y el explosivo Ozymandias); gracias al señor Michael Slovis, director de fotografía y ocasional director de la serie, que se encargó de darle con su fotografía una identidad a la serie, haciendo que se la reconozca con tan sólo una toma; y gracias a los actores, a esa sorpresa que resultó siendo Betsy Brandt, a ese luchador que es RJ Mite, a esa roca sólida (perdón, mineral) que es Dean Norris, a ese guerrero de mil batallas Johnathan Banks, a ese pagliaci trágico que es Bob odenkirk (esperamos el spin off Better call Saul!), a ese impertérrito Giancarlo Esposito, a esa maniática Laura Fraser, a esa joyita sorpresa que reusltó ser Jesee Plemons, a esa desoladora Anna Gunn. Y en especial a dos grandes: a ese ángel de corazón inmenso que es Aaron Paul (no lo conozco, pero que buen tipo aparenta ser) y a aquel monumental camaleón, el hombre de los mil rostros, el tipo que se adueñó de un papel: Bryan Cranston. El mejor actor que ha pisado un set de televisión.

Porque hizo que todos amáramos odiar a Heinsenberg, y que odiáramos amar a Walter White.

All hail the king!

PD: un podcast que grabamos junto a Enrique del Castillo sobre el final de Breaking Bad: http://www.ivoox.com/stream-mato-al-cable-16-audios-mp3_rf_2402864_1.html