jueves, 12 de marzo de 2009

Frost/Nixon: la eternidad del fracaso y del éxito

Richard M. Nixon debe ser uno de los personajes más suculentos para las creativa mentes que a partir de datos verídicos inventan sucesos que nos invitan siempre a pensar en lo que pudo ser y no fue, siempre llevados por la exageración y cierto aire al (pre)juicio. Desde ser interpretado por el gran Anthony Hopkins hasta ser una pieza importante en el mundo de la novela gráfica Watchmen, Nixon ha estado ahí, con sus lamentos y terquedades, siendo siemrpe el blanco favorito de todos para realizar juzgamientos (más que merecidos), pero a su vez como una suerte de monumento viejo a la constante expiación americana. En esta ocasión, Ron Howard toma la obra de Peter Morgan (autor de La Reina) y la adapta al cine teniendo siempre como protagonistas a Michael Sheen (en el papel de Frost) y a Frank Langhella (como Nixon). Y los resultados son sopresivos, gratificantes y contundentes.

Basado en las famosas entrevistas que dio Richard Nixon (ya como expresidente) al host de talk shows británico David Frost, la película (siempre recalcando basada en la obra de Morgan) narra los periplos por el que el carismático y hasta autosuficiente "performer" (así lo conocían por ese entonces) pasa para arreglar una entrevista con el hombre más vilipendiado de esos tiempos: el expresidente Nixon. Es así que Frost ve en Nixon, en primer lugar, una fruta seca y vieja, pero a la cual todavía le queda algo para sacar, a la que todavía no se le ha exprimido todo el jugo que conforma sus acciones ilegales sobre Watergate y su vida post exilio. Pero conforme avanzan los fallidos intentos de Frost, este va tornando su deseo en ambición, en un reto. Esta es la palabra que puede enmarcar la película: reto, confrontación, desafío (como se subtitula el film en Latinoamerica). Para Frost, la meta es llegar donde el "distante e intimidante" Richard Nixon, mientras que para este el reto está en nunca desmoronarse (al menos frente a cámaras) y seguir aparentando, sin derramar alguna gota de lamento o culpa, que todo lo que hizo fue por el "bien del país" y que fueron meros errores de juzgamiento y no con intención, delitos para ser más específicos. Cualquier parecido con la bellaca hipocresía de ciertos políticos procesados es pura coincidencia.

Pues lo que nos dan Morgan y Howard en casi 2 horas de metraje es un duelo a capa y espada entre dos caballeros que eventualmente dejan de lado toda caballerosidad y sacan las garras para obtener lo que quieren. Y la virtud del director está en darnos esta historia que pudo caer fácilmente en el cliché, pero que navega bien durante los pasajes ante y tras cámara. Toda la preparación para el "día D" es genial, mostrándonos a los investigadores sus esfuerzos para presentarse en el set, encarar a Nixon, y destrozar pieza a pieza ese castillo de naipes (al parecer intocable para las grandes cadenas) que era la culpabilidad de Nixon. Y lo que pasa ante cámara son momentos de tensión pura llevados a gran ritmo por Howard, pero sostenidos por esas dos monumentales actuaciones que nos dan Sheen y Langhella. Uno por uno. Michael Sheen está formidable como Frost, dándonos su lado díscolo y frívolo por momentos, pero llenando a este hombre apasionado con la dosis necesaria de ambición y tensión que generaría eventualmente todo este choque con el expresidente americano. Mientras tanto, Frank Langhella se apodera totalmente del papel de Nixon. Es duro, siniestro y potente, pero a la vez blando, curioso, frágil y vulnerable. Es increíble lo que hace una genial actuación, darnos todos esos toques, esos matices que sólo un gran actor puede lograr. Y eso lo hace Langhella, que alcanza picos de grandeza en las escenas de la entrevista en sí donde explica su vida presidencial, ya sea en las tontas cosas mundanas o, especialmente, cuando desesperadamente trata de justificar sus actos, hasta que cae en ese hoyo de la derrota (y victoria, aunque pírrica, de Frost) que es haber aceptado ante cámaras sus errores y, sobre todo, el haber decepcionado a la gente y el sistema de gobierno americano. El rostro y la expresión de Langhella son impagables. Bien por la Academia al haber nominado a Langhella, pero se quedaron al no tomar en cuenta a Sheen, cuya actuación está a kilómetros de la de Pitt en "Benjamin Button" (Bueno, lo mismo dijimos con las acutaciones de DiCaprio o Dev Patel).

Finalmente, "Frost/Nixon" es uan película que nos deja mucho en qué pensar, y eso siempre, siempre, hace grande a una experiencia cinematográfica. Tan sólo recordemos la escena en la que Frost es confrontado por Reston (genial Sam Rockwell) y el resto del equipo, en el que lo acusan de ser "demasiado blando" y de "estar haciendo de Nixon una figura presidenciable". Gruesas palabras, que llegan a nuestras mentes y necesariamente hacen que nos pregutnemos si los líderes políticos, vivos o muertos (como Nixon) no le deben, y mucho, a la siempre trascendental prensa, que lapida en unos casos (como en este de las entrevistas a Nixon), pero que glorifica y hasta victimiza en otros. Al menos aquí, la prensa y Frost fueron sabios para darle su condena final a Nixon. Lo bueno de la película es que en ningún momento lo juzga, y lo deja en el limbo entre criminal y figura shakespereana. Eso hace grande a "Frost/Nixon", el hacer que seámos nosotros mismos quienes le demos su sentencia al hombre marcado por Watergate.

Nota: 18/20

PD: viendo la foto de la obra de teatro, lo que daría por haber presenciado este choque de titanes en vivo y en directo.

sábado, 7 de marzo de 2009

Kubrick: el hombre mecánico




Hace 10 años se fue el gran Stanley Kubrick
Hace 10 años no me gustaba el cine
Hace 10 años no veía cine
Hace 10 años justo salía al mercado Ojos Bien Cerrados, su "última película", temrminada poco antes de morir luego de un interminable rodaje que se extendió por más de 3 años.
Hace 10 años tuvo que morir el hombre para que no nazca, sino se consolide la leyenda.
Hace 10 años murió el genio que me hizo cambiar de parecer, que me entregó lo más hermoso de este mundo, que nos ha hecho reir, preocuparnos, molestarnos, frustrarnos, asustarnos y finalmente siempre, siempre reflexionar sobre la vida.
Hace 10 años murió el loco, el traumado, el psicótico empedernido, el egocéntrico ambicioso y perfeccionista.
Hace 10 años murió el hombre que dejaba loco a sus actores (incluso al mismísimo Nicholson) y que cargaba su set con más tensión que las reuniones de Alex y sus drogos, dejando a todos boquiabiertos como cada una de las intervenciones del Presidente Sellers.
Hace 10 años, hace 10 años nos dejó uno de los más grandes testamentos de la historia de la humanidad: Dr. Strangelove, The Shining, La Naranja Mecánica, Espartaco, Ojos bien cerrados, Full Metal Jacket, Barry Lyndon, 2001...2001¡¡¡

Desde el más psicodélico rincón del prometedor espacio hasta las tierras más honorables de la vieja Roma, desde las calles más violentas infestadas de leche y drogas hasta los "salones de guerra donde está prohibido pelear", desde los asfixiantes y gigantescos salones de un fantasmal hotel-laberinto hasta su propia cabeza, tan llena de aspiraciones y exactitud, nunca un ser humano nos pudo llevar tan lejos, a un lugar donde locura y perfección nos dan la imagen exacta de lo que la humanidad es...y en lo que podrá convertirse. Al fin y al cabo, el genio era humano como nosotros.

Gracias Stanley, viejo loco y sabio, espero que hayas dejado de lado la frustración eterna de no obtener la toma perfecta

miércoles, 4 de marzo de 2009

Depp VS Bale

Por fin, el trailer de "Public Enemies", la nueva película del gran Michael Mann (Heat, The Insider, Colateral). Esta cinta trae devuelta la adrenalina de las películas de mafiosos, la sangre y ambición de los años 30, y un duelo de dos de los más grandes actores de estos tiempos: Johnny Depp y Christian Bale. Con el permiso de Ashecliffe de Scorsese (con otros dos grandes como DiCaprio y Ruffalo), esta Public Enemies es sin duda LA película del 2009. Disfruten.


martes, 3 de marzo de 2009

Slumdog Millionaire: El "Underdog" que nos hace felices a todos =)

Slumdog Millionaire ha sido la gran ganadora del Oscar 2009 llevándose 8 estatuillas, incluyendo mejor película. La pregunta nace por sí sola ¿si se merecía tanto galardón? ¿si es merecedora de ser considerada el mejor film del año 2008? ¿cómo una cinta sin estrellas, sin uno de los "grandes tópicos del cine" puede llegar tan lejos? Pues las respuestas que uno encuentra luego de las 2 horas de metraje y el coqueto pero innecesario baile-coreografía al final es que estamos ante una correcta película, hasta me animaría a decir que una buena película, pero raspando, como si el gol que significó haber ganado tanto premio por todos los Estados Unidos hubiera sido en una posición adelantada más que dudosa. Pero sobre todo Slumdog Millionaire es un film que tiene todas las papeletas para ser considerada, al igual que Crash años atrás, una de esas engreídas de la academia que es premiada por cualquier razón menos por la energía y calidad cinematográfica que destila.

Esta cinta narra las desventuras de Jamal (Dev Patel), un joven de barrio bajo (slumdog), que de la noche a la mañana se transforma en el millonario más importante de la India gracias a ganar el tradicional concurso de "Quieres ser Millonario", mientras busca al "amor de su vida" en una ciudad de más de 19 millones de habitantes. El film va desde sus años de infancia en las barriadas bajas de Bombay hasta sus años de joven donde es interrogado con dureza por su repentina "suerte". Lo que nadie sabe es que el buen Jamal en realidad sabe todas las respuestas por eventos que ocurrieron en su infancia y su juventud, y que curiosamente se resumen en la ronda de pregutnas que enfrenta en el programa concurso. Esta es la excusa perfecta para que se nos de en un poco menos de 2 horas un platillo decorado con fresas y duraznos, donde destacan los colores vivos juntos con la basura (tanto material como espiritual), pero que tiene como objetivo ser desplazada para dejar el camino libre a la felicidad y a la eventual victoria del amor y la lucha constante por ser alguien en esta vida. Como bien lo indica ese nexo artificial que abre y cierra el film, "estaba escrito" que Jamal alcance la felicidad.



Al más puro estilo de Will Smith, quien sufrió, corrió y luchó para finalmente "Buscar y encontrar la Felicidad", Jamal pasa por un sinnúmero de aventuras en sus 18 años para llevarse lo que siempre quiso: salir de la miseria y la chica de sus sueños (bueno naide lo culpa por esperar más de 10 años por la hermosa Frieda Pinto). Danny Boyle toma estas aventuras y las conecta en forma de flashback para darnos 2/3 de la película, dejando el suspensod e que si Jamal obtendrá las dos cosas que quiere como el "gran climax", o bueno, seudo climax, ya que la respuesta era obvia, incluso antes de que empiecen los trailers de la función. Pero con todo lo obvia y previsible que es esta historia, Boyle se las ingenia y nos da un producto digerible, entretenido, en el que constantemente podemos desear con todo que el niñito huya de los policías malos o que Latika (Pinto) logra reencontrarse con su antiguo amiguito, pero que eventualmente logra desgastarnos. Y es que si bien es cierto que a cierto sector del público le puede gustar esta historia enternecedora y no apta para diabéticos, a otros como yo los puede llegas a hastiar su contenido y mensajito de que "eventualmente, querido, todo saldrá bien". Bueno es una historia de redención finalmente: Jamal obtiene lo que quiere, Latika deja el dinero y el lujo por el "amor de su vida", el hermano maloso se sacrifica y permite que la amada de su hermana escape y hasta todos bailan un buen bollywood dance mientras ruedan los créditos finales. Pero todo queda en la anécdota, tras anécdota, donde supuestamente la suma de todos esos pasajes queexplican cómo responde todas las pregutnas del concurso son el íntegro de la vida del joven y la justificación del motivo de su existencia (la superación y, sobre todo, Latika). Pero lo sentimos partido, forzado, (muy aparte de la forzada idea de que Jamal tenga la respuesta correcta a cada pregunta) y llena de clichés y episodios llenos de esas coincidencias que muchos directores tratan de poner en sus películas pensando que el público que pagamos la entrada para ver sus "obras de arte" somos estúpidos. Pues no, creo que llega un punto en que no podemos tragarnos la idea de que Jamal y su hermano caigan del tren directo al Taj Majal, en lo que claramente es la sección "Mira que también hay lugares bonitos en la India, así que ven y visítanos pronto" de la película.

Y otra cosa que podemos decir de esta cinta es lo artificial que puede resultar ser en algunos momentos. No vi Trainspoittin, la "película símbolo" de Danny Boyle (y sé que es un crimen no haber visto este clásico de los 90s), pero una de las cosas de las que se le acusa al buen Danny es de ser efectista. Pues al más puro estilo de Michael Bay o de Tony Scott, Boyle usa, recicla y llena la cinta de escenas forzadas (la muerte explícita de la mamá), cámara lenta y trágica (el escpae inicial de los niños) y de la música. Ay la música. Amante de la oscarizada música de Bollywood nunca seré, pero por más buena que sea hay que saber usarla, cuándo, y sobre todo cuánto. Ni contar las conversaicones típicas o las conforntaciones planas de personajes. A pesar de ello, Slumdog nos atrae, nos atrapa, pero seguro que si la volveríamos a ver ya desearíamos (para aquellos detractores) tener un Michael Clayton o una Juno entre las nominadas para poder dar un Oscar decente este año. Slumdog es una "peli simpaticona", bien hecha, correctas actuaciones (sobre todo Patel y el tío terrible que hace del host del programa), pero ahí nomás. Nada del otro mundo, pero que habrá sido premiada por la Academia, asumimos, por esta onda de la globalización y querer abrir fronteras, y mejor aún cuando se les abre de par en par a la otra industria poderosa de cine en la acutalidad: bollywood. Porque esta podrá ser una película anglosajona en papel, pero destila bollywood por todos lados (y su mensaje y la escena del baile final no lo podrán negar). Slumdog Millionare debe ser como aquella persona simpática, buena gente, pero nunca tan buena como para darle un beso...o al menos al buen calvito dorado que nos emociona siempre al principio del año.

Nota: 15/20

PD: Si el Oscar estaba entre esta película y "Benjamin Button"...me pregunto que maldita chuleta tenían los "académicos" en los ojos para no tomar en cuenta a "Wall-E" o a "The Dark Knight".

sábado, 14 de febrero de 2009

¿Sólo un Sueño?

No, no es el título de la excelente película en la que DiCaprio y Winslet se sacan los ojos y destripan el sueño americano, sino que ante esta noticia nos preguntamos si estamos soñando: La Teta Asustada, última película de la joven realizadora Claudia Llosa se ha alzado con el máximo galardón del Festival de Berlín: el Oso de Oro. Grane, notable, triunfo del cine peruano, triunfo de Llosa y de Magaly Solier, y del resto de la producción. Un triunfo de personajes calladitos, sin mucho aspaviento, sin mucha prensa que se convirtieron en los primeros en presentar una película peruana en el Festival de Berlín y, ahora luego de una semana de competencia, ven su sueño hecho realidad. Pero este también es nuestro sueño, de cada uno de los amantes del cine que vemos como la calidad del cine nacional cae y se hunde constantemente, que vemos como hay gente con talento en este país desperdiciada, que vemos como dominan los mismos de siempre. Pues como ya muchos deben estar diciendo, esta es una cachetada para los "sospechosos comunes" del cine nacional. Yo sólo digo que esto debe marcar un hito e ir para adelante, porque es posbile hacernos un camino en la dura competencia del cien mundial (ya sea en cuestión de calidad o, peor aún, comercial). ¿Es un sueño ver a la dulce Magaly recibir el Osote de manos de la hipnótica Tilda Swinton? Pues es como las películas, sueños que parecían inalcanzables que por un momento, por un segundo, se materializan. Pues hoy se ha concretado las esperanzas y la chamba de un grupo humano que ama lo más grande de este mundo: el cine. Es un sueño y desde ahora todos nosotros debemos creérnosla y avanzar.


Imborrable: Magaly recibiendo el premio de la cautivante Tilda Swinton (por eso ahora te amamos más Tilda)

domingo, 8 de febrero de 2009

Benjamin Button y el curioso caso de los "sentimientos encontrados" en el cine

Esta película me sirve para expresar un sentimiento muy particular: las películas no sólo tienen que ser buenas-no me malinterpreten, una película es buena o no dependiendo en primer lugar de la calidad de la combinación que se da entre actuaciones, dirección, guión y demás cuestiones-sino que deben caracterizarse por ser creaciones que lleguen al corazón y mente de todos los que las disfrutamos, creando conflicto y reflexión y dejándonos algo de que hablar posteriormente. Claro, bajo esa premisa todos los films ligeros como algunas películas de comedia o de romance estarían de más, pero es virtud de una buena cinta ligera transmitir algo sin que los espectadores lo noten, para así ofrecer algo nuevo y significativo sin dejar atrás la huella de la pesadez y solemnindad de muchos "dramones" o "clásicos". Para no salirnos de la película en cuestión, "El Curioso Caso de Benjamin Button" (BB en adelante) tiene mucho de éstas señas que le dan el aire de "sentimientos encontrados". BB es una muy buena historia contada de una excelente manera. Basada en un relato corto de Scott Fitzgerald, David Fincher nos entrega una vez más una película de atmósferas, así como en la macabra y espeluznante aura de Se7en, la extrema de Fight Club o el claustrofóbico índice retro de Zodiac, esta BB tiene a unos personajes raros, extraños, rodeados de un contexto histórico que no hace nada más que resaltar sus particularidades. Ahí está Benjamin (Brad Pitt), un neonato que se gana la repulsión inmediata de su padre por haber nacido de una manera poco convencional: tiene el cuerpo de un viejo, y con los años irá rejuveneciendo.

La virtud de Fincher es contarnos la historia de toda la vida de Benjamin en el film sin que ésta nos parezca aburrida. Lenta en algunos momentos, tal vez, predecible en otros, pero tendríamos que preguntarnos que película romántica (porque BB es un drama romántico en escencia) no lo es. En casi 3 horas no perdemos interés en la historia de Benjamin porque Fincher sabe cuando quebrar la historia y ofrecernos pasajes llenos de calidez, interés y que nos invitan a más de una reflexión. Recordamos tres: el encuentro nocturno de el viejo Benjamin y la niña Daisy, el affair entre el protagonista y la nadadora (Cautivadora como siempre Tilda Swinton) y ese trágico y doloroso calvario que tiene que atravesar la vieja Daisy (Cate Blanchet) al tener que cuidar al niño-bebé Benjamin. Fincher nos puede dar una película buena, mala, o irregular, pero la virtud de contar historias siempre destaca, lo que nos reafirma la confianza con la nueva genereación de history-tellers (teniendo a Chris Nolan como el otro máximo expositor de este rubro). A lo largo de su vida, teniendo el momento que llegue a ser un bebito como límite, Benjamin es un ser callado, introspectivo y observador de cómo el mundo gira más rápido así como avanzan los años. BB puede ser de todo a lo largo que avanza el film, desde aventuras hasta drama, pasando por un romance abnegado o una tragedia marcada por el pasar (pesar) de los años, la película de Fincher se transforma en una ventana a la vida y muerte de una figura cautivante.


El problema de BB es que cuando parece que nos dará más, que nos meterá más al drama de Benjamin que se acerca a la juventud primera, que nos dará un masazo durísimo cuando vemos que Daisy va aceptando que Benajmin nunca podrá conformar una familia normal, ahí BB se queda distante, lejana, fría, sin ofrecer mayor profundidad o descripción de las situaciones y sus efectos en los personajes. Las cosas se quedan en primera instancia, sin la rudeza o crueldad que requerían las consecuencias de una vida tan marcada como la de Benjamin. La historia carece de esa fuerza que nos haga decir que bien, que mal, o que horrible que fue lo que acabamos de ver en la pantalla. Las aventuras del buen Ben pasan, nos sorprenden, pero nos dejan indiferentes o muy silenciosos cuando se pudo ver, y sobre todo transmitir más. Debe ser por eso que BB es una película con 13 nominaciones al Oscar (categorías merecidísimas como las de mejor fotografía, maquillaje o dirección de arte), pero que no goza del todo con respecto a la aprobación de crítica e incluso del mismo público (al menos Forrest Gump si era querida por todos, hasta por los que se rasgan las vestiduras al ver su victoria en los Oscares). BB es como un vacío decorado, hermoso, brillante y con trazos interesantes, algo que hace que caigamos en él y nos asombremos, que su eterna caída no se haga pesada...pero que al fin y al cabo nos demuestra que es un vacío en sí, y que eventualmente caemos y caemos. BB puede ser una obra de arte, pero a su vez puede dejar indiferentes a muchos. Eso sí, Fincher tiene talento, y lo demuestra atreviéndose a contar nuevamente (ya lo hizo con Zodiac) una historia de casi 3 horas de duración y saliendo bien parado. Pero al igual que su anterior entrega, su cine se convierte por momentos en una estilización de historias que sobresale por su impacto visual, por su buen trazo del cuento que intentan ofrecernos, pero que se queda a medio camino a la hora de llegar a lo más profundo del cinemero. Pues debe ser lo que pasa con Brad Pitt, lapidado por muchos al considerar que está en el quinteto del Oscar quitándole espacio a Benicio del Toro (Che) o Dev Patel (Slumdog Millionare), pero que es en realidad un buen actor, que dentro de sus capacidades nos ofrece un papel extraño para una estrella como él, pero que con esfuerzo y dedicación lo saca adelante transmitiéndonos esa imagen de un ser curioso ante un mundo aun más extraño que se desarrolla y envejece con el pasar de los años.

Nota: 16/20

martes, 30 de diciembre de 2008

The Wire: Más que una serie de TV

Con el bajón tremendo que ha sufrido el cine a nivel de calidad (más no en cantidad, lo que puede ser una de las claves del problema), es la televisión la que congrega las mejores producciones que se dan hoy por hoy en suelo estadounidense. Así vemos como desde Los Soprano hasta la más reciente Mad Men se han dado innumerables traspasos de grandes estellas de cine a la televisión o el nacimiento de personajes, escenas o momentos memorables para la cultura moderna. Casi todos tiene una serie que no sólo siguen, sino que aman, de los más diversos tipos. Ya sean comedias irreverentes como Two and a Half Men o 30 Rock, thrillers truculentos con una mitología propia como Lost o 24, o dramas serios y fuertes como Mad Men o The Shield, todos encontramos un programa, un grupo de personajes con los que nos sentimos identificados en espíritu y somos capaces de entregarnos a sus aventuras y seguirlos semana tras semana (o como en mi caso, al no aguanatar la para semanal, toda una temporada de corrido por DVD). Pues veo que todas las series son importantes, unas más que otras, unas imprescindibles y otras olvidables, pero hay una serie que creemos que es de obligatoria visión por todos los tipos de televidentes alrededor del globo: esta serie es "The Wire".

Este 2008, The Wire ha culminado su quinta y final temporada, y luego de 60 capítulos nos ha demostrado que el mundo puede ser un poquito más cruel de lo que creemos. Es cierto, la acción se sitúa en la ciudad de Baltimore, Maryland en Estados Unidos, y siendo un retrato fiel de la parte urbana de este lugar, lo que The Wire traspira es un ánimo negro y seco de la sociedad contemporánea. Como 24 o The Shield, The Wire (2002) se estrena en una época cercana a los eventos del 11 de Septiembre y la sordidez es la palabra que la caracteriza por excelencia. En sí The Wire es un "drama policial" que trata sobre la lucha constante de todo un engranaje del lado de la ley para reestablecer el orden en la ciudad de Baltimore contra las fuerzas criminales, principalmente causadas por la plaga de la venta indiscriminada de droga. A este pequeño resumen debemos sumarle una palabra: fracaso. Y es que temporada tras temporada, en la que se abarca un caso a la vez, se ve lo impotente que muchas veces puede ser la mano dura de la ley a la hora de luchar contra el bando criminal. Toda esta lucha de bandos se ve condimentada por movidas políticas, estrategias de conveniencia y maniobras manipuladoras que no hacen otra cosa que maquillar la situación actual en las peligrosas calles de la ciudad. The Wire nos habla sobre la lucha de estos personajes que no representan la luz blanca que salvará la ciudad ni la sombra definitiva que hundirá más a Baltimore; todos, y me refiero a cada uno de los personajes, pertenecen a una zona gris, mitad buenos, mitad malos. Es cierto que unos pueden mostrar más integridad que otros, pero eventualmente algún vicio, alguna limitación resalta y les da este manto turbio que no es otra cosa que humanidad. Y es que si ya estamos en una era donde los mejores personajes de la TV son antihéroes en todas sus letras (Dr. House, Vic Mackey, Tony Soprano, Jack Bauer), los personajes de The Wire no viven, deambulan en una nebulosa que parece nunca acabar. Tomando al protagónico de la serie, el problemático detective Jimmy McNulty, quien no tiene un lugar fijo donde pueda sentirse a gusto, va de un lado para otro, caso tras caso, intentando de esa manera alcanzar la felicidad que no tiene luego de un hogar separado por divorcio; y si eso no funciona, el buen Jimmy siempre tendrá a las interminables mujeres con las que ha estado a lo largo de la serie, o sino algo aún más interminable: el licor que lo pone en unn estado deplorable cada 2 episodios aproximadamente. Pero ese es el buen Jimmy, tan eficiente policía como entrañable personaje, por el que todos sentimos que algún día merecería encontrar al menos un rayo de sol lejos de una estación de policía. En la misma situación de zona intermedia entre la total desolación y la incompleta felicidad están otros personajes: Stringer Bell y sus ansias de legitimizar sus negocios con las drogas, Kima Greggs y su deseo de salvar su relación con una compañera que la quiere lejos de su amado trabajo en campo, el joven D´Angelo que descubre el lado negativo de "estar en el juego", pero sabe que no hay otra forma de vivir para él. Y esto también es clave en The Wire, el status de cada personaje, de cada ser humano en esta sociedad. Acá es donde resaltan las dos caracterísicas principales de esta serie: el tema racial y el tema de clases sociales.




The Wire es la serie con el mayor número de personas de raza negra en un cast de una serie americana. Y decimos "personas" porque muchos de los personajes de la serie son interpretados por muchachos oriundos de Baltimore o personajes reconocidos de la ciudad. Lo cierto es que The Wire lidia con personajes de cierto tipo racial y su postura en la sociedad. Se juega con ese supuesto "rol" que deben jugar: ya sea en el papel del dealer de medio pelo, ya sea el del policía negro que calza con el perfil para infiltrarse, o ya sea de aquel comandante que por ser de determinada raza es promovido a Comisionado sólo para satisfacer el perfil racial de puestos públicos en la ciudad. Pero los escritores tienen la sapiencia de darnos muestras de que toda esta maquinaria corrupta y prejuiciosa afectan a todos. En la temporada 3 aparece el personaje de Thomas Carcceti, ambicioso y joven concejal que aspira a ser el alcalde que Baltimore necesita, pero que corre contra todos los pronósticos ya que al ser blanco, no tendría posibilidad alguna de ganar en una ciudad predominantemente negra. Ahí está, la misma figura pero invertida, de negor a blanco, de pobre a rico, la situación se mantiene: el status actual y la esperanza futura de todas las personas que más que convivir, tratan de sobrevivir superponiéndose a las fuerzas sociales que consideran más relevante el color de la piel o la forma cómo hablas que tus verdaderas habilidades o tu disposición al cambio. The Wire trata sobre todos estos personajes que tratan de superar estas supuestas taras pero que finalmente parecen quedar conformes si se mantienen en su actual situación, porque saben que no hay otra forma de vida aparte de vender drogas, porque saben que son policías y lo único que los llenará será acabar con otro caso más, porque son políticos que saben que por sobre todas las cosas debe mantenerse la estrategia política y las aspiraciones de ganar. Como dice el refrán callejero: "All in the game". Y sí, en este mundo interno de The Wire, todo (y todos) se prestan para el juego, de una manera u otra.


Lo cierto es que lo que vemos en pantalla en esta serie pasa en cualquier otro lado del mundo contemporáneo: jóvenes y niños que se entregan al vicio sin otra cosa que hacer por la vida, policías flojos que se lanzan la pelota y evitan responsabilidades a la hora de tomar un caso, políticos amorales capaces de reunirse a saco y corbata o ex convictos que parecen no tener esperanza una vez que han salido de la cárcel. Todos estos personajes y situaciones recurrentes son reflejo de las plagas que recorren la mayoría de ciudades actuales: violencia, amoralidad, peligro, destrucción, suciedad, bajeza, castigo. The Wire es perfecta para reflejar todas estas posturas y la participación de cada tipo de persona en este mundo, en este juego. Y todo parece tener un punto de partida, en realidad dos, perennes personajes del hundimiento de la todavía rescatable humanidad en una población. Nos referimos a la creciente presencia de las drogas en las calles (tema recurrente en toda la series) y el bajísimo nivel del sistema educativo (tema tratado más a fondo en la cuarta temporada). Estos dos problemas son el núcleo de la bajeza que vemos en pantalla; lo mejor es que la serie no se convierte en una hora de moralina que condena a los malos o premia a los buenos, sino que nos muestra de manera fidedigna lo que ocurre en un escenario salvaje (desde las peligrosas calles hasta los pasillos del city hall) y nos da a nosotros, los espectadores, las herramientas escenciales para analizar la situación, pero no juzgar a los personajes, ya que son pequeñas figuras de papel que se ven inmersos en toda esta espiral de malas intenciones. Lo que vemos son como un puñado de personas, con diferentes métodos de sobrevivir caen lentamente a un hoyo del cual no pueden salir porque en realidad en ningún momento se lo proponen. Los personajes de The Wire son lo más cercano a los antiguos perdedores empedernidos del clásico cine negro.



Y tampoco está demás decir que de The Wire cuenta con todos los acabados artísticos de cualquier otra serie de tal prestigioso nivel. Utilizando a la perfección las locaciones de la ciudad de Baltimore, la serie además se caracteriza por unos diálogos notables, en las que las lisuras y unas frases que a primera vista no son nada de otro mundo pero que tienen un enorme significado encima se mezclan para darnos esa atmósfera de perdición mundana. Además The Wire cuenta con un sistema de actuación que hace a la serie aún más real, lo que nos da un casting perfecto, un nivel actoral supremo, pero en el que podemos destacar por sobre los demás a Michelle Williams (Omar Little), Wood Harris (Avon Barksdale) o André Royo (Bubbles), pero destacamos a 2 por sobre todo: Dominic West (Jimmy McNulty) y el gran Idris Elba (Stringer Bell). Pero gran parte de lo que vemos en pantalla se lo debemos a los dos hombres detrás de este monstruo llamado The Wire: David Simon y Ed Burns. Ambos son los que mueven los hilos en la serie y se lo deben a años de experiencia en el rudo campo laboral de Baltimore (Simon es un periodista/escritor mientras que Burns trabajó como detective y posteriormente como profesor en una escuela pública). La realidad se ve entonces reflejada como en un espejo, pero un espejo que nos permite no juzgar, sino criticar y entender por sobre todas las cosas las motivaciones y el accionar de cada uno de los personajes. Eso es lo que consiste el juego y The Wire. No es un policial más. Es un retrato social de lo que pasa en Baltimore y en sí en cualquier hueco urbano del mundo. Al fin y al cabo, podemos encotnrar a cualquiera de estas caras conocidas a la vuelta de la esquina. The Wire no es un drama policial, es una serie de terror, por lo cercano y fiel que es a nuestra realidad.