viernes, 7 de febrero de 2014

Rumbo al Oscar 2014: 12 years a slave

"Doce años de esclavitud" es la tercera película de una de las promesas/realidad de la dirección contemporánea: Steve McQueen. La película del realizador afrobritánico abarca la historia verdadera de Salomon Northup, un violinista talentoso y negro en libertad que es engañado por dos estafadores y acaba convertido en esclavo, tal cual lo indica el título, por doce años. 

La historia arranca bien, con McQueen jugando con la cronología de las escenas tal cual lo hizo en su debut "Hunger". La dirección de McQueen se caracteriza por las tomas largas, los close ups y por poner la cámara siempre en el lugar preciso. Muestra de ello es tal vez la hermosa escena en la que, contradictoriamente, vemos a Northup luchar con una soga al cuello. McQueen tiene ese equilibrio, esa balanza mágica (te estamos mirando, David O. Russell) entre la dosis de cine clásico y la innovación técnica. Las películas del realizador británico tiene toda la pasta de verdaderos clásicos, pero con movimientos y tomas sofisticadas que refrescan el film.

Cuando Northup cae en la esclavitud comenzamos a comprobar todo el martirio de este hombre, pasando de esclavista en esclavista, de sufrimiento en sufrimiento. Pero poco a poco comenzamos a caer en el "collage": la película se pierde, la trama se desinfla y pasamos a apreciar una continuación de escenas que son "esperables" en un dramón sobre el racismo como es "Doce años de esclavitud". La película pierde sorpresa, porque lo que nos agarró desprevenidos en la primera media hora se convierte en previsible en los últimos cuarenta y cinco minutos de película.

Otro problema de la película es que se siente fría, a pesar de ser una historia con todas las cartas para hacerse empática con el público. Si el año pasado "Djando Desencadenado", con todas las gamberradas y excesos geniales de Tarantino, nos logró atrapar con la simple historia de un ex esclavo buscando a su esposa y planeando su venganza, en "12 years a slave" no se nos llega a transmitir todas las sensaciones de Solomon. Es cierto, sabemos que este hombre sufre mucho, pero eso es más porque conocemos de antemano la premisa de la película y no necesariamente por lo que vemos en el metraje. Menos lograda aún está la acción dramática de escapar y volver con su familia. Northup es un hombre educado y metódico, pero en las circunstancias en las que estaría uno simplemente se derrumbaría. Esa caída a los infiernos es lo que nunca terminamos de ver en Solomon.

El que no tiene nada de culpa en esto es su actor protagonista. Este film nace y muere por la extraordinaria actuación de Chiwetel Ejiofor. El actor británico se había caracterizado más por ser un actor de carácter y con esta película se marca su primer gran protagónico. Ejiofor se entrega totalmente a este rol y hace lo que McQueen le dice que haga, demostrando un gran rango como intérprete y siendo un claro contendor para los premios de actuación. Los secundarios están muy bien, pero destacan tres. Lupita Nyongo, actriz mejico-keniana que hace su debut en esta cinta nos regala un papel conmovedor, de una esclava que simplemente se ha cansado de luchar. Su desgarradora imagen es compatible con la Fantine de Anne Hathaway que, o casualidad, se llevó el Oscar a Mejor Actriz Secundaria el año pasado. Otra actriz notable es Sarah Paulson, la cual interpreta a la esposa del último maestro esclavo que tuvo Solomon. Con porte clásico y mirada sanguinaria, Paulson compone un personaje con más matices que la simple ama de la casa arpía que podría aparentar.


Unas líneas para ese actorazo que es Michael Fassbender. En esta película, el actor fetiche de McQueen (protagonizó "Hunger" y "Shame", en su papel estrella hasta la fecha) encarna al mal en estado puro. Un esclavista despiadado, sádico, burlón, juguetón y caprichoso. Sin llegar al nivel infantil del delicioso Calvin Candie de DiCaprio en "Django Desencadenado", el Edwin Epps de Fassbender es la crueldad hecha actor. Fassbender oculta su natural encanto y lo disfraza de maldad. Y su personaje también es más profundo de lo que aparenta, sobre todo cuando se dedica tiempo a su extraña obsesión con el personaje de Lupita Nyongo. Destacan también en pequeñas pero grandes participaciones Paul Giamatti, Paul Dano y Benedict Cumberbatch.

Un punto final que termina por ir en contra de la película es el final, el cual llega de manera apresurada y con un recurso que podría calificarse como "deus ex machina", por no decir facilista. Y esto empeora porque el personaje que trae la solución es el productor de la cinta: Brad Pitt. Parece que el buen Brad, muy buen actor y productor con mucho ojo, se quiso reservar un papel fundamental para la trama. Esto no hace más que molestar el libre desarrollo de la trama, por no decir que incomoda en demasía.

Justamente la resolución facilista y la trama que se va simplificando conforme avanza el metraje nos hace recordar a otra película que apunta alto en esta carrera por los Oscars: Gravity. Pitt hace de Clooney y nuestros héroes encuentran la solución a sus problemas. Este facilismo, sumada a la historia que se va tornando más sencilla en lugar de atraparnos le resta méritos a una película muy correcta, pero que se siente distante, a pesar de su universal y, lamentablemente, aún vigente trama. 


Nota: 16/20

1 comentario:

Vanessa Vargas dijo...

No coincido del todo contigo, siento que la trama fue en aumento, si bien es cierto que se culmina con un recurso facilista como la aparición del personaje de Brad Pitt -un poco exagerado la verdad- entendemos el por qué el personae deja de luchar: la carta fue su salvación desde un inicio pero tras su primer fracaso, Solomon se ahoga en la resignación.Las actuaciones son buenísimas, pero no siento que ningún recurso usado haya estado demás, sino quizás agregar algunas cosas. La sensación con la que sales después de ver la película es la que la hace buena y creo que eso no puedes negar.